CAPÍTULO 1
El trastorno por estrés postraumático (TEPT) puede aparecer después de vivir, presenciar o conocer un evento traumático: una agresión, un accidente grave, un abuso, una guerra, una catástrofe, la muerte violenta de un ser querido o una exposición repetida a situaciones extremas.
Tras un trauma, es normal sentirse alterado durante días o semanas. Se habla de TEPT cuando los síntomas duran más de un mes, son intensos y afectan la vida cotidiana. Alrededor de 1 de cada 10 personas expuestas a un trauma lo desarrolla, con mayor frecuencia en mujeres y tras experiencias interpersonales como la violencia sexual.
El TEPT no es una debilidad: es la respuesta de un cerebro que quedó en estado de alarma después de enfrentar una amenaza extrema.
Cuando el trauma fue repetido y prolongado, sobre todo en la infancia o en relaciones de maltrato, puede aparecer el TEPT complejo, con dificultades adicionales en la regulación emocional, la autoestima y los vínculos.
Existen terapias muy eficaces. Con ayuda, la mayoría de las personas puede recuperarse.
CAPÍTULO 2
Los síntomas se agrupan en cuatro grandes áreas.
• Recuerdos intrusivos y angustiantes.
• Pesadillas sobre el evento.
• Flashbacks: sensación de revivir lo ocurrido como si pasara de nuevo.
• Reacciones físicas intensas ante recordatorios.
• Evitar pensamientos, lugares, personas o actividades que recuerden el trauma.
• Resistirse a hablar del tema.
• Culpa, vergüenza o creencias como "es mi culpa" o "el mundo es peligroso".
• Desapego, anestesia emocional, pérdida de interés.
• Lagunas del recuerdo sobre aspectos del evento.
• Estar siempre en alerta, sobresaltarse con facilidad.
• Irritabilidad o arrebatos de ira.
• Dificultad para dormir y concentrarse.
• Conductas imprudentes o autodestructivas.
Muchas personas sienten que el cuerpo "no se apaga": el sistema de alarma sigue encendido, aunque el peligro ya pasó.
CAPÍTULO 3
Ante una amenaza extrema, el cerebro activa la respuesta de lucha, huida o congelamiento. En el TEPT, la amígdala (alarma) permanece hiperactiva, mientras que la corteza prefrontal y el hipocampo, que ayudan a poner el recuerdo en contexto temporal, funcionan con menor eficacia. Por eso el recuerdo se siente como presente.
• Gravedad y duración del trauma, y haber sentido terror o impotencia.
• Traumas previos, sobre todo en la infancia.
• Falta de apoyo social después del evento.
• Estrés adicional posterior: pérdidas, problemas económicos, violencia continua.
• Antecedentes de depresión, ansiedad o consumo de sustancias.
• Historia familiar de trastornos mentales.
• Apoyo familiar y social sólido.
• Sentirse seguro y atendido tras el evento.
• Estrategias de afrontamiento activas.
• Acceso temprano a ayuda profesional.
No todos los que viven un trauma desarrollan TEPT. Tampoco hay una "forma correcta" de reaccionar: cada persona responde de manera distinta.
CAPÍTULO 4
Lo realiza un profesional de salud mental mediante entrevista clínica, y puede apoyarse en escalas como la PCL-5 o la CAPS-5.
• Exposición a un evento traumático (muerte, lesión grave o violencia sexual, real o amenazada).
• Síntomas de reexperimentación, evitación, alteraciones del ánimo y la cognición, e hiperactivación.
• Duración de más de un mes.
• Malestar significativo o deterioro del funcionamiento.
• No se explican por una sustancia ni por una enfermedad médica.
• Trastorno por estrés agudo: síntomas similares durante los primeros días a un mes.
• Trastorno de adaptación.
• Depresión y ansiedad, frecuentemente asociadas.
• Consumo problemático de alcohol y drogas como intento de aliviarse.
• Disociación y, en trauma complejo, dificultades de personalidad.
Más de la mitad de las personas con TEPT presenta otro trastorno, lo que hace importante una evaluación completa.
Contar lo ocurrido no es necesario en la primera consulta. Un profesional capacitado respeta el ritmo de cada persona.
CAPÍTULO 5
El estado de alerta crónico se asocia con dolores, problemas digestivos, hipertensión, fatiga y mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Culpa, vergüenza, miedo, tristeza y enojo. También sensación de vacío o de estar "desconectado" de las propias emociones.
La irritabilidad, el retraimiento y la desconfianza pueden afectar a la pareja, la familia y la amistad. La evitación hace que la persona se aísle.
Dificultades de concentración, absentismo, bajas en el rendimiento y evitación de ciertos entornos.
Insomnio, pesadillas y miedo a dormir.
• Depresión.
• Consumo de alcohol o drogas.
• Conductas de riesgo.
• Pensamientos de suicidio, que requieren atención inmediata.
Aunque el trauma haya ocurrido hace años, los síntomas pueden aparecer o reactivarse, y sigue siendo posible tratarlos.
CAPÍTULO 6
• Terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma: ayuda a procesar el recuerdo y a cambiar creencias, como la culpa.
• Exposición prolongada: enfrentamiento gradual y seguro a los recuerdos y a las situaciones evitadas.
• Terapia de procesamiento cognitivo.
• EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares): ayuda a procesar los recuerdos traumáticos con apoyo de estimulación bilateral.
• Los ISRS (sertralina, paroxetina) y la venlafaxina son de primera línea para reducir los síntomas.
• La prazosina puede ayudar con las pesadillas, según el caso.
• Se evita el uso prolongado de benzodiacepinas, que pueden dificultar la recuperación.
1. Seguridad y estabilización. 2. Procesamiento del trauma. 3. Reintegración a la vida cotidiana.
No es necesario revivir todo de golpe. Una terapia bien conducida avanza de forma gradual y segura.
CAPÍTULO 7
• Recuerda dónde estás: "Esto es un recuerdo, hoy estoy a salvo". Mira alrededor y nombra lo que ves.
• Técnica de los 5 sentidos: cinco cosas que ves, cuatro que tocas, tres que oyes, dos que hueles, una que saboreas.
• Respiración lenta: exhalaciones más largas que las inhalaciones.
• Apoya los pies en el suelo y siente el contacto.
• Horarios regulares de sueño y comida.
• Actividad física suave y frecuente.
• Reducir alcohol, cafeína y otras sustancias.
• Pasar tiempo con personas seguras y en espacios agradables.
• Actividades que den placer y sentido: arte, naturaleza, música.
• Si te cuesta dormir, prepara un ritual tranquilo antes de acostarte.
• Anota pesadillas o pensamientos solo si te ayuda, y compártelos con tu terapeuta.
• No te fuerces a "superarlo" de golpe.
El autocuidado complementa el tratamiento, pero no lo sustituye. Es válido y valiente pedir ayuda profesional.
CAPÍTULO 8
• Escuchar sin presionar. Deja que la persona hable cuando esté lista.
• Creerle y validar: "Lo que viviste fue muy duro y tu reacción es comprensible".
• Ofrecer seguridad y predictibilidad: rutinas, avisos y entornos tranquilos.
• Respetar los desencadenantes, evitando sorpresas innecesarias.
• Animarla a buscar tratamiento y acompañarla si lo desea.
• Tener paciencia: la recuperación lleva tiempo y tiene altibajos.
• "Ya pasó, supéralo" o "podría haber sido peor".
• Preguntar detalles del trauma por curiosidad.
• Culpar o cuestionar lo que hizo o dejó de hacer.
• Forzarla a enfrentar situaciones temidas.
Habla con voz tranquila, recuérdale que está a salvo y en el presente, evita el contacto físico brusco y ofrécele agua o respirar juntos.
Quienes acompañan también pueden sentirse agotados. Busca apoyo y descanso.
Tu presencia estable es, por sí misma, una forma de reparación.
CAPÍTULO 9
Realidad: cualquier persona puede desarrollarlo tras un trauma: violencia, accidentes, abuso, desastres naturales, pérdidas bruscas o trabajar en emergencias.
Realidad: el TEPT no depende de la fortaleza personal. Es una respuesta biológica a una amenaza extrema.
Realidad: hablar con un profesional adecuado, en un entorno seguro y a un ritmo cuidadoso, es parte de la recuperación.
Realidad: muchas personas mejoran sin tratamiento, pero en el TEPT los síntomas pueden cronificarse. El tratamiento acelera y consolida la mejoría.
Realidad: el objetivo no es olvidar, sino que el recuerdo deje de provocar un sufrimiento intenso.
Realidad: las lagunas son frecuentes tras un trauma y no restan validez a la experiencia.
Reconocer el TEPT como una condición real permite buscar ayuda sin culpa ni vergüenza.
CAPÍTULO 10
Consulta a un profesional si, pasado un mes del evento, persisten:
• Recuerdos, pesadillas o flashbacks.
• Evitación de lugares o situaciones.
• Insomnio, irritabilidad o sobresalto constante.
• Culpa, vergüenza o sensación de desconexión.
• Consumo de alcohol o drogas para aliviarte.
También si los síntomas son muy intensos desde el principio.
Psicólogos y psiquiatras con formación en trauma (TCC centrada en el trauma, exposición prolongada, EMDR). Los hospitales públicos y las obras sociales cuentan con servicios de salud mental, y existen programas de atención a víctimas de violencia.
Si tienes pensamientos de hacerte daño o estás en peligro, llama a emergencias. En Argentina: 107, 911, línea 135 (asistencia al suicida en CABA y Gran Buenos Aires), 144 (violencia de género) y 137 (violencia familiar y sexual).
El trauma forma parte de tu historia, pero no tiene que definir tu futuro. Con apoyo, el cuerpo y la mente pueden volver a sentirse a salvo.
La recuperación es posible. Dar el primer paso y pedir ayuda es el comienzo de recuperar la tranquilidad y la confianza.