Diego Raskin
Hay personas que pueden pasar semanas dando vueltas a una decisión: Cambiar de trabajo, terminar una relación, mudarse, emprender. Cuando finalmente deciden, dudan de haber elegido bien. Detrás de esa parálisis casi siempre hay una falta de confianza: En el propio criterio, en la capacidad de corregir el rumbo y en la propia resistencia ante un posible error. Esta guía trabaja la decisión con más claridad, más rapidez y menos angustia.
Toma esa decisión que llevas tiempo postergando y escribe, en tu cuaderno:
1. Define el objetivo. ¿Qué quiero lograr realmente con esta decisión?
2. Enumera las opciones. Al menos tres, incluso las que parecen improbables.
3. Evalúa pros y contras. Escríbelos y asigna a cada uno un peso del uno al cinco según su importancia.
4. Consulta con criterio. Pide opinión a una o dos personas de confianza y con experiencia, no a diez. Escucha, pero decide tú.
5. Elige y comprométete. Establece el primer paso concreto y hazlo dentro de las siguientes cuarenta y ocho horas.
Una decisión sin acción es solo un pensamiento: El paso cinco es el que la convierte en decisión.
El miedo a equivocarse es la causa principal. Pero hay otras: El perfeccionismo («Tiene que ser la opción ideal»), la influencia excesiva de la opinión ajena, el exceso de opciones y la costumbre de buscar certezas donde solo hay probabilidades. Una idea liberadora: Casi ninguna decisión es definitiva ni perfecta. Toda
elección implica renunciar a algo y asumir cierta incertidumbre. Esperar a tener toda la información es una forma disfrazada de no decidir, y no decidir también es una decisión, con sus propias consecuencias.
No todas pesan igual. Antes de angustiarte, pregúntate: ¿Es reversible? Si puedes corregir el rumbo, decide rápido y prueba. La mayoría de las decisiones cotidianas pertenecen a esta categoría. ¿Es de alto impacto? Si afecta tu salud, tu economía o tus vínculos fundamentales, dedica más tiempo y busca asesoramiento. ¿Cuánto cuesta esperar? Si demorarte tiene un costo, ponle un plazo. Asignar un tiempo límite evita que el análisis se vuelva infinito. Dite: «Tengo hasta el viernes para decidir».
1. Define el objetivo. ¿Qué quiero lograr realmente con esta decisión? 2. Enumera las opciones. Escribe al menos tres, incluso las que parecen improbables. 3. Evalúa pros y contras. Escríbelos y asigna a cada uno un peso del uno al cinco según su importancia. 4. Consulta con criterio. Pide opinión a una o dos personas de confianza y con experiencia, no a diez. Escucha, pero decide tú. 5. Elige y comprométete. Establece el primer paso concreto y hazlo dentro de las siguientes cuarenta y ocho horas. El paso cinco es el decisivo. Una decisión sin acción es solo un pensamiento.
La intuición es experiencia acumulada que habla sin palabras. Ayuda notar cómo reacciona tu cuerpo ante cada opción: ¿te relaja, te tensa, te entusiasma? Un ejercicio simple: Durante un día, «Vive» mentalmente como si hubieras elegido la opción A, y al siguiente la opción B. Observa qué sensaciones aparecen. Eso no reemplaza el análisis, pero lo complementa. Ten presente que el miedo y la intuición pueden confundirse: El miedo suele ser ansioso y acelerado; la intuición, más serena y persistente.
Quien decide se equivoca a veces. Es inevitable y saludable. La diferencia está en lo que haces después. Pregunta: ¿qué aprendí? ¿qué puedo ajustar? Corregir a tiempo vale más que haberlo decidido "perfecto". Y recuerda: Una decisión tomada con la información disponible fue una buena decisión, aunque el resultado no haya sido el esperado.
Decidir desde la ansiedad empeora el criterio. Antes de una elección importante, dedica diez minutos a calmarte: Respira lentamente, afloja el cuerpo y visualiza tu vida seis meses después de haber decidido, sintiendo tranquilidad por haber actuado. Repite mentalmente: «Confío en mi criterio y en mi capacidad de ajustar el camino».
La confianza para decidir no consiste en estar seguro del resultado, sino en confiar en que sabrás manejar lo que venga. Elige con la mejor información disponible, actúa y corrige. Cada decisión tomada fortalece el músculo de la confianza.
Para la próxima decisión mediana, prueba este método: Escribe las dos o tres opciones reales, lo que ganas y lo que pierdes con cada una, y qué valor tuyo está en juego. Ponte un límite de tiempo para decidir y respeta la decisión durante una semana antes de evaluarla. Decidir también es entrenamiento: Cada elección hecha y sostenida afloja el miedo a equivocarte más que horas de análisis.